Elige a tu profesor, no el estudio

Elige a tu profesor, no el estudio

No busques un estudio de yoga.

No busques un método.

Busca un profesor.

No elijas un lugar simplemente porque está cerca de tu casa, te viene bien por horario, o encaja fácilmente en tu rutina. Tómate el tiempo de investigar a la persona con la que vas a estudiar: su trayectoria, su experiencia, su formación, los profesores y mentores que la formaron y el trabajo que ha invertido en su oficio. Observa qué la inspira y cómo encarna lo que enseña.

Y no te fijes solo en la competencia física. Fíjate en la vida que ha vivido y en los retos que ha atravesado. Una práctica debería ayudar a alguien a mantenerse con los pies en la tierra, crecer, y construir algo significativo en su vida, no simplemente realizar posturas impresionantes. ¿Le ha ayudado la práctica a cultivar relaciones significativas, contribuir a los demás, seguir formándose, vivir con dignidad, y afrontar la adversidad con resiliencia? ¿O sigue atrapado en los mismos patrones de carencia, confusión y dependencia?

Elige primero a tu profesor.

Un estudiante sincero suele estar dispuesto a hacer ajustes importantes para estudiar con la persona que cree que puede ayudarle a aprender.

Valoro trabajar con personas que eligen conscientemente estudiar aquí porque algo en la forma en que se enseña este trabajo resuena con ellas. No porque sea Ashtanga, Mysore, Vinyasa, Iyengar, o cualquier otra etiqueta.

A través de la práctica aprendes a respirar, a observarte, a prestar atención, y a abordar la disciplina. Un buen profesor seguirá buscando distintas formas de transmitir un principio hasta que se comprenda de verdad, porque cada estudiante aprende de manera diferente.

Con el tiempo, lo que se explora a través del movimiento y la respiración empieza a influir en cómo piensas, cómo te relacionas con los demás, y en las decisiones que tomas en tu vida.

Mis profesores de kárate, flamenco, música y yoga han moldeado quien soy hoy, como mujer, como profesional, como pareja, y como hija. Los principios que me transmitieron viven en mi cuerpo y siguen guiando mis acciones, aunque algún día deje de bailar o de practicar posturas por completo.

Un profesor mantiene unos estándares, no solo en las posturas, sino también en el comportamiento, la actitud, la integridad, y la disciplina. El profesor, el espacio que sostiene y la comunidad que cultiva se convierten en un punto de referencia al que los estudiantes pueden volver cuando pierden el equilibrio.

Por eso elegir al profesor importa mucho más que elegir un estudio, un horario, o un estilo.

Si eliges practicar aquí, que sea porque algo en la forma en que se enseña este trabajo resuena contigo y apoya tu crecimiento.

Los métodos, los estilos y las etiquetas son secundarios.

Lo que importa es la relación con la enseñanza.